miércoles, 14 de diciembre de 2016

Dulce vendaval



Llegaste vestida solo con la noche, 
para tocar mi alma,
fuiste enredadera para cubrir todo mi cuerpo
y lluvia de relentes besos.
  
me inundé en tus eternidades,
en la monotonía de tu belleza,
en el dulzor de tu inercia,
y en el fulgor de tu naciente humedad.
  
Así caíste sobre mí, como versos enamorados,
con la tibia tinta de tus labios, desatando mis anhelos:
retraídos, prisioneros, exiliados,
moribundos de un antiguo amor.

Aquella noche, cedimos el paso a la quietud
y al silencio sembrado por el dulce vendaval.


(Guillermo Soto García)