lunes, 29 de agosto de 2016

En la casa del artista

Unos cuantos pasos después del solsticio, el artista decidió partir, tal vez, buscando una nueva musa o reencontrándose con quien innumerables pinceladas, lo inspiró.
Fui a su despedida, ahí, donde fabricaba vuelos, donde detenía el tiempo, donde silentes y brillantes, se refugian sus obras:


Arte respiré en aquella casa, donde
pinceladas creaban cascadas desde los muros,
el sol parecía venir de los rincones
y la inspiración surgía como frutos maduros.

Cuantas historias imaginé deambulando
con los ojos casi hipnotizados.
Sus estanterías llenas de admiraciones
y sus sublimes poemas retratados.

Sus sonetos, inmóviles, coloreados
entintaron los míos de garmasa.
¡Arte respiré!
respiré, arte en aquella casa.


(Guillermo Soto García)

martes, 16 de agosto de 2016

#31. Lo bueno de la lluvia

Fue una mañana gris, con las nubes ancladas a mi cabeza, herencia de toda una noche que se había llevado la serenidad de mis pupilas. No podía rendirme, aunque quería.

Las nubes se aproximaban aún más, parecían algodones enlutados que venían a mi encuentro, que emborronaban cada destello que podía aparecer en el cielo. De pronto, a medio camino, las gotas empezaron a caer, todo atisbo de esperanza se diluía a cada chasquido sobre la hojarasca, sobre los techos, sobre mi atolondrada cabeza. Me detengo, miro hacia arriba intentando no cerrar los ojos, quiero gritar, pero solo exhalo fuertemente y de un envolvente silencio, me pregunto: ¿Dónde está lo bueno de todo esto?

Entonces recuerdo, que la lluvia es esa cosa hermosa, que de pequeño me alegra. Caminar bajo ella, correr bajo ella, sentirla, abrazarla y que dulcemente me abrace.
Siento que todo lo renueva, se lleva mi oscuridad, regresa mi energía, vuelve mi dicha y vuelven los destellos que yo mismo había escondido.

(Bajo la lluvia)

Se inmolaron mis zapatos,
por amor a mis zapatillas,
y quedaron como vestigios,
mis calcetas teñidas, amarillas.

Se ahogaron mis pantalones,
sucios de hace días,
lo acepto, más que agua
suplicaban cirugía.

Se estropeó mi chaqueta,
me abraza ceñida,
baño que hizo olvidar,
que es vetusta y desteñida.

Diluvio que conquistó mi cabello,
ensañándose con gotas perdidas,
y resbalaron por mis senderos,
hasta mis partes más escondidas.

Se inmolaron mis zapatos,
por amor a mis zapatillas.

(Guillermo Soto García)