miércoles, 14 de diciembre de 2016

#37. Dulce vendaval



Llegaste vestida solo con la noche, para tocar mi alma,
fuiste enredadera para cubrir todo mi cuerpo
y la lluvia de relentes besos que quitaron mi sed.
  
me inundé en tus eternidades,
en la monotonía de tu belleza,
en el dulzor de tu inercia,
en el fulgor que desprendía tu naciente humedad.
  
Así caíste sobre mí, como versos enamorados,
con la tibia tinta de tus labios, desatando mis anhelos:
aquellos retraídos,
prisioneros,
exiliados,
moribundos de un antiguo amor.

Aquella noche, juntos, cedimos el paso a la quietud
y al silencio sembrado
por el dulce vendaval.


(Guillermo Soto García)