sábado, 4 de febrero de 2017

#38. Mi abuelo Bertín



Las voces vestían diletantes al poderoso fulgor de sus pasos, los toscos semblantes se rendían como vías sobre durmientes quejumbrosos, con justa razón, más de alguna vez, alguien lo comparó con un tren.

Supe de sus años, en que las salitreras lucían imponentes en medio del desierto, con oficinas conectadas por delebles y a veces tímidas huellas; resaltando valiente, luchador, enérgico, obrero, desafiante del sol y sus inapelables embates.

No vi ceder sus brazos ante turbulentas ráfagas que pretendían derribarlo, no lo vi envejecer, no lo vi caer, no lo vi deshilachar, ni menos desbarrancar una sutil y medrosa lágrima. Lo vi correr en evidente desventaja, para después ganar.
  
Dicen que forjo bandadas de amigos,
prístinos senderos para imitar,
círculos irrompibles de almas alegres
y la riqueza inherente del cosmos familiar.

Las voces vestían diletantes…al poderoso fulgor de sus pasos…


(Guillermo Soto García)